Epílogo a un largo viaje
Junio 16th, 2008Cuando era jovenzano hice unos cuantos interraíles de esos. (¡Ya está el abuelo Cebolletas!). El caso es que en el último de los desplazamientos en tren siempre escribía la última entrada de mi diario y siempre la titulé de la misma manera, igual que este artículo.
Mañana vuelo a España, si todo va bien, el jueves me encontraré con Blanca y Diego Yunior y el viernes por la tarde estaré a punto para hacer la oposición.
Y luego, pues de nuevo otro verano de reencuentros y de puestas al día. Dice mi madre que la expo le va a quitar protagonismo al hecho de que el cacahuete vuelve definitivamente a Zaragoza. Yo no creo que sea para tanto, pero si lo dice la Horten…
En fin, explicar lo que siento ahora no es fácil ni placentero. He escrito estos tres años sobre el lado dulce de la vida, ese 50% que no es problema enseñar. Me queda el otro 50% de las riñas y los disgustos, de las peleas, los desencuentros, los fracasos y las lágrimas. De las decepciones y de las puñaladas traperas, y de la soledad. Pero ese no era el tema del blog de este cacahuete. Creo que ha sido divertido y sobre todo ha sido mi cordón con el otro mundo. Me pica la curiosidad de saber cuántas veces alguien ha hecho clik en mi página. Sé de desconocidos para los que yo no soy tanto, ¡qué curioso! Pero un número no cambiará la realidad de todo lo que he disfrutado haciendo esto.
Muchas gracias, Niki, por hacerme un hueco en tu campo de Arachis hypogaea.
Y a ti, lector/a… hasta la vista, flautista.