Un superviernes cualquiera
Sábado, Enero 27th, 2007Este viernes, como todos los viernes, ha ocurrido al final de la semana laboral del maestro visitante. Este viernes, los muchachos de quinto grado no han sabido hacer el examen de fracciones. Para el examen de ortografía tampoco habían estudiado. El maestro ya no sabe cómo reinventarse las matemáticas, y se queja.
El maestro se ha acordado de la bici que le regalaron para su cumple, pero a bajo cero y en rocfor, los recados se hacen en troca.
El maestro ha llevado a lavar su troca, que tenía una capa de sal que nublaba hasta la memoria (aún más). La espuma abrillantadora era de tres colores: amarilla, verde y morada. Alguna de las amigas del maestro hubiera dicho “ocre-calabaza, pistacho fuerte y púrpura”. Pero el maestro no tiene tantas célula-cono como algunas de sus amigas. Aún así, el maestro ha pensado que la espuma tricromática era buena. A ver mañana con luz.
El maestro ha comprado sellos. Muchos, por si acaso. Ha comprado una hoja de 20 sellos de 39¢ que mola por un tubo. El maestro está seguro de que a alguno de sus lectores le va a encantar, y a otros les va a parecer una gafotada tremenda.
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Luego, el maestro ha ido al centro comercial en busca de algo, y de camino al algo se ha tenido que comprar cuatro libros que nunca leerá. Uno de ellos tiene muchas fotos. También un periódico del 43, con el titular en inglés: “Mussolini despedido por el Rey”.
En el centro comercial había una feria de cromos de deportistas. El maestro tiene la teoría de que con la Superbowl todo esto tiene más importancia. La Superbowl es la finalísima de fútbol americano. Toca el finde que viene, Chicago contra Indianápolis, cree el maestro. Ha pasado más o menos el mismo tiempo sin los Osos de Chicago en los titulares de prensa como sin Mussolini.
Camino a casa, el maestro sigue sorprendiéndose de lo dilatado de la nabidá en este país. El árbol del campo de golf sigue con bombillitas. Más de diez metros hacia arriba. Que no es que se les haya pasado, opina el maestro. El de la iglesia luterana y los vecinos de la calle Delcy, también. Se han ido todos a Florida hasta que la nieve se derrita.
O eso, o creen que el papá Noel todavía va a pasar por casa.