Detroit sin motivo
Jueves, Mayo 29th, 2008Detroit es uno de esos lugares a los que no se va si no hay una buena razón. Y he de admitir que eso me bastó. Es una de esas excursiones a las que la gente pone esa cara de: ¿en serio?
Por eso escogí al mejor grupo de antropólog@s de campo que pude encontrar en rocfor y nos dimos a la aventura.
Y fue un finde fantástico, no solo por el buen tiempo.
Lo primero, que quede claro, como ciudad, aparte de bastante peligrosa (al menos estadísticamente) Detroit carece del más absoluto interés.
Se salva que el transporte en tren elevado por el centro vale solo 50 centavos y mola mazo, por eso se llama “el muevegentes”.
Detroit debió de tener su época dorada gracias a la industria automovilística, pero eso pasó. Ford, GM y Chrysler (entre otras) siguen teniendo importantes plazas.
Lo que pasa es que quizás Detroit haya producido más éxitos que coches. Como dice mi amigo Víctor, “la mayor fábrica de éxitos musicales de la historia”. Tela.
Visitamos el museo de la Motown, el sello discográfico que lanzó a chopocientas figuras desde el año 59. Para incrédul@s, http://es.wikipedia.org/wiki/Motown
También en Detroit nació la música techno, y este fin de semana había un festival dedicado a tal asunto.
Y algo de perras debieron de llegar, pues posee un museo de arte de lo más completito que se puede ver a este lado del mundo.
Aunque sin duda lo mejor, el grupo de estudiosas a juego con la alfombra de la entrada. Por cierto, que no admiran una obra, sino el panel con los nombres de los benefactores del museo…¿?¿?¿¿!!!
Henry Ford hizo un montón de dineros con eso de la cadena de montaje, y empezó coleccionando planchas antiguas, para pasarse a las estufas y los tractores y terminar comprando edificios representativos por todo su país. Luego los desmontaba y se los llevaba a Dearborn, en donde está la sede mundial de su empresa. Allí nos costó dos mañanas ver dos de sus museos.
Al aire libre está Greenfield Village. Supone una reconstrucción de una típica localidad estadounidense, a base de edificios simplemente antiguos y otros que además de antiguos tienen un especial interés histórico o científico, como la casa de los Heinz (los del kechup), el taller de los hermanos Wright, varias casas y talleres de su contemporáneo Edison, el juzgado en donde Lincoln hizo sus primeros pinitos y hasta la casa en donde él mismo nació.
Además, coincidimos con el fin de semana dedicado a la Guerra Civil (estadounidense, claro) e igual que en Teruel el fin de semana de los amantes, pero aquí en plan “Norte y sur”. Stupendo.
Se ve en la última foto a un grupo de soldados. Eran los figurantes más numerosos, nos contaron que provienen de asociaciones de todo el país que van de festival en festival como el que se viste de baturro para la ofrenda pero luego no se pierde ni una romería. Hicieron una representación de tres o cuatro batallas, muy molón.
Noe y yo nos apuntamos, más por romanticismo de perdedores que por otra cosa con los confederados. Lo que pasa que luego pasamos por la oficina de reclutamiento de la Unión y pagaban más.
Al día siguiente vimos el museo propiamente dicho, con la silla en la que mataron a Lincoln, el coche en el que le pasó lo mismo a JFK, el autobús del follón con Rosa Parks, etcétera, etcétera, etcétera…
Lo último es una casa hecha de aluminio y otros materiales procedentes de aviones que apenas pasó de prototipo, pero casi se convierte en “la casa del futuro”.
Y encima a la salida del museo está el neumático más grande del mundo.
En fin, que no me extraña, con tantas maravillas que barcos con bandera canadiense llenos de novios, novias e invitados quieran cruzar a la otra orilla para venirse a Detroit.
De vuelta hacia casa, paramos en Battle Creek. Me acuerdo por las mañanas, cuando no había nada más que hacer mientras desayunaba y me leía los paquetes de cereales. Kellogg Co. Battle Creek, Michigan. Un lugar mítico como la Motown. (Perdona, Víctor).
El caso es que Cereal City U.S.A. ha cerrado por falta de visitantes… Me quedé sin la foto con Tony, el tigre de los frostis. Una verdadera pena.